Dame ese amor que es para mí y déjame darte este amor que es para tí,esos trozos de corazón que habitamos con pasión.
No te contengas ante mi cuerpo, mi pasión desbordada por tu piel y cuando estés a mi lado, "tú y yo en la soledad", no contengas tus palabras de amor ni yo las mías, los besos, las caricias y la ternura que crean un instante innombrable, entre dos seres innombrables que inventan un lugar inexistente en la realidad, inexistente ante los ojos del mundo.
Ahora, yo sólo te veo con mis ojos y tú con los tuyos, ahora las ventanas están oscuras, y adentro estamos tú y yo... ardiendo en medio del fuego que se enciende cada vez que roza la piel; sacando un grito mudo, que dice no te vayas, tampoco te quedes, un grito que inunda aquel lugar de lo invisible, que entre sollozos murmura un te amo... pero no te quedes, tampoco te vayas...
Y los brazos se abren pidiendo a ese cuerpo que encaja tan perfecto, que se acerque nuevamente con su escandaloso silencio, que mezcle sus colores sobre ese otro cuerpo, ansioso por flotar entre ellos.
Ahora, dos cuerpos, dos lienzos que están nuevamente en blanco al día siguiente, prestos a recibir una vez más, a adoptar una vez más todas las formas en que el amor se pinta para vivir.